«Un viaje de mil millas empieza con un paso» [La pluma y la espada I]

26/08/2015 JL Axpe Wushu, Taichi Tuitéalo ;) JL Axpe practicando Taichi en Dehesa de la Villa, Madrid. JL Axpe practicando Taichi en Dehesa de la Villa, Madrid. Otra vez me ha vuelto a pasar. Y como todas las veces se me llevan los demonios. (Demonios chinos, claro). Durante una cena de amigos una conocida de mi misma “edad media” comete la pregunta indebida: — ¡Ah! ¿Pero, tú haces taichi? Qué interesante. Creo que sirve para relajarse mucho ¿no?…

¡Qué incomprensión! ¡Tanto esfuerzo y dedicación sólo para relajarse! Normalmente la pregunta me produce una ligera irritación y suelo contestar con un ejemplo, para beneficio de semejante ignorancia. La evangélica estratagema de explicar a las mentes simples las cosas difíciles con una parábola:

“Mira, pequeño saltamontes, el Tai Chi es como el montañismo. Hay quien disfruta recorriendo un sendero junto al riachuelo, recogiendo flores y merendando en una verde pradera a la sombra y quien desarrolla su afición hasta dedicarle la vida entera y comprometerla en la ascensión en solitario de la cara norte de cualquier 8.000. El primer paso del montañismo es el sendero y el del Tai Chi, la relajación. Mucha gente está satisfecha con este primer paso, pero no hay que confundirlo con la profundidad de la totalidad del arte”.

Con esta respuesta suele ser suficiente cuando el preguntante (o preguntanta, como diría el lendakari), no tiene ningún interés en el tema. A veces añado que los clásicos taoístas enseñan que “un viaje de mil millas comienza con un paso” y que no hay que confundir los pasos con el camino. Menos todavía el primer paso.

Pero a veces el interés es más profundo y las preguntas se suceden. ¿Qué es el taichi?, ¿por qué se anuncia en muchos sitios “yoga taichi”?, ¿es la misma cosa?, ¿qué significa taichi?, ¿cuánto tiempo le dedicas a la semana?, ¿por qué un deportista como tú se dedica a hacer lo mismo que esos chinos viejecitos de las películas?, ¿te sirve para algo?, ¿cuál es el secreto de Telepizza y la fórmula de la Coca Cola?

Entonces me doy cuenta que es muy difícil explicarlo. Sobre todo en el breve espacio de tiempo que el preguntante, o preguntanta, me va a prestar atención. Es como si tuviera que explicar, volviendo al ejemplo del montañismo, su complejidad en pocas palabras. ¿Le hablo de los prados y caminos o del hielo, la nieve y la roca?, ¿de senderismo o de estrellas y tormentas?, ¿de la forma física y la técnica de la escalada de paredes verticales de roca o de la conexión con el universo en los amaneceres helados y cristalinos de los vivacs a intemperie?, ¿de la recolección y cocinado de las setas en otoño o de la pureza de las huellas de los esquís en la nieve virgen de primavera?

El Tai Chi es tanto o más complejo. Como un castillo de cinco mil estancias diferentes, se precisan al menos tres vidas de total dedicación para recorrerlas adecuadamente. Es obvio que con la escasa dedicación que los trabajadores por cuenta ajena podemos tener, difícilmente pasaremos del entresuelo de ese castillo.

Por eso nos explicamos tan mal y nos entienden tan poco. Las vivencias que aporta son tan íntimas que resultan difíciles de compartir con los no practicantes y tan sutiles que parecen casi imposibles de transmitir. También ocurre que a veces no queremos compartirlas. ¡¡Es que son nuestras!!

Sin embargo el camino es más fácil si podemos preguntar a los demás caminantes. Y si otros nos preguntan estamos también en la obligación de ayudar contestando.

Me han pedido un artículo para nuestra página WEB y este fin de semana he cambiado la espada por la pluma. También escribir es un viaje de mil millas.

Como primer paso pienso que es buena idea reflexionar sobre el mensaje, siempre tan complejo como sutil, que nos transmite el propio nombre del arte que practicamos. TAI CHI.

Lo podemos encontrar escrito de diversas maneras y leer “profundos artículos de expertos” que pontifican sobre cual es la más correcta sin darse cuenta en su “erudición” que la manera en que escribamos en occidente el sonido chino de la palabra, que además varía de unas regiones a otras (hay que pensar que China es muy grande), es totalmente irrelevante.

TAI CHI recoge un concepto taoísta que es muy anterior a la propia aparición del Tai Chi como arte.

Según la concepción taoísta, antes de la creación del universo existía un estado de vacío total. Nada se movía y el concepto de tiempo no tenía aplicación. Los antiguos taoístas llamaron a este estado WU CHI, “la nada absoluta”.

( ¡¡OJO!! La sílaba CHI se pronuncia en español de la misma manera que la palabra que designa la energía o fuerza vital lo que da lugar a frecuentes confusiones. En este caso significa “lo más alto” o “absoluto”)

Asimismo, los taoístas simbolizaron mediante un círculo vacío el WU CHI, el estado de apertura pura. También el símbolo es importante. La circunferencia, figura perfecta que encierra todo sin contener nada y en la que cada punto es igual a los demás y a la vez, principio y final.

El WU CHI se movió gracias a un impulso desconocido y comenzó el primer momento de la creación. Este primer impulso se manifestó como Chi (en su acepción de energía o fuerza vital) generando la polaridad primordial del YING y el YANG. La continua interacción del YING y del YANG es la esencia del universo desde entonces. Los taoístas llamaron a este proceso TAI CHI o “supremo absoluto”. Los múltiples fenómenos del universo visible e invisible son el resultado de la interacción del YING y el YANG.

También crearon los taoístas el símbolo del TAI CHI. Posiblemente uno de los símbolos más universales (y más desconocido en su significado más profundo). El círculo absoluto compuesto de los semicírculos flexibles del YING y el YANG entrelazados.

Así pues, tanto el concepto como el símbolo del TAICHI son muy anteriores a la propia aparición del arte que practicamos, incluso en las leyendas que le atribuyan un origen más antiguo, y tienen un alcance y profundidad mucho más amplio.

Esta visión de la cosmogonía taoísta coincide en sus aspectos esenciales con muchas otras filosofías y religiones. El concepto de la creación desde la nada a partir de un impulso, a veces considerado divino, y la polaridad bien-mal está presente en muchas de estas concepciones y nos resulta familiar. También los científicos modernos han desarrollado el concepto de la explosión original de energía que denominan Big Bang o Gran Explosión. Resulta muy curiosa esta similitud en las diversas aproximaciones al tema y seguramente merecerá la pena ahondar sobre ello en otro momento.

Bien ¿y nuestra propia vida? Con independencia de nuestras creencias todos hemos empezado a ser algo cuando en el momento anterior éramos nada. Éramos WU CHI.

La infusión del alma, del chi de nuestros padres, de la energía del universo o del proceso electroquímico que sea, me da igual en este momento, nos lanza en un instante determinado al SER, a la oscilación entre esfuerzo y descanso, luz y oscuridad, felicidad y desdicha, ying y yang que es la vida. Somos TAI CHI.

Finalmente morimos. Según nuestras diferentes creencias podemos pasar a la sala de espera del cielo, reencarnarnos en otra persona para un nuevo ciclo vital de ying y yang o desaparecer totalmente para que nuestro ser se absorba en la naturaleza y volvamos a ser humus, flor, pájaro o gusano, o todo ello a la vez. También me da lo mismo. Para el taoísta hemos vuelto al estado original. Somos universo. Somos nuevamente TAO.

— ¿Ha terminado este tío? os preguntaréis.

Pues no. Fijaos ahora en como ejecutamos la forma, sea cual sea el estilo de Tai Chi que practiquemos.

Comenzamos de pie, inmóviles. Centramos la respiración y tratamos de vaciar el cuerpo, la mente y el espíritu. El tiempo pasa y no pasa. La nada absoluta. El WU CHI universal reflejado en la postura WU WEI, “no hacer nada”.

De la nada comienza nuestra danza alternante de cambios de peso, de inspiración y expiración, de ataque y defensa, de dureza y sutilidad. De puño de acero en guante de seda. De ying y de yang. ¡¡Apareció por fin nuestro TAI CHI!!

Finalmente cerramos la forma. Volvemos a WU WEI. Hemos terminado una vida completa y nos incorporamos de nuevo al TAO universal.

Dejo para la reflexión esta pregunta: ¿practicamos simplemente Tai Chi para relajarnos o cada vez que ejecutamos la forma representamos y recordamos la creación y el devenir del universo, nuestro propio nacimiento, vida y retorno al TAO?

Si tu respuesta favorita es la primera, mi enhorabuena. Estás donde querías estar.

Pero si has llegado al final de estas líneas y, además, incluso te parece razonable, prepárate. El viaje de mil millas no ha hecho más que empezar.

Que el Chi os acompañe
José Luis