La fuerza [La pluma y la espada IV]

24/02/2016 JL Axpe Wushu, Taichi Tuitéalo ;) En clase de TAI CHI, practicando con pelota con nuestro maestro Ashot Amiryan en Dehesa de la Villa, Madrid.
En clase de TAI CHI, practicando con pelota con nuestro maestro Ashot Amiryan en Dehesa de la Villa, Madrid. En el artículo anterior realizamos un pequeño viaje alrededor del origen y fundamentos de la ENERGIA o CHI y un análisis de sus conceptos para la aplicación marcial: fuerza, cantidad de movimiento, energía cinética y otras energías, que denominaba místicas o esotéricas. Más adelante me referiré a ellas.

Empezando por la habilidad más básica en la práctica de las artes marciales, la fuerza, veamos un movimiento aparentemente sencillo del Taichi: la última parte de la secuencia “acariciar la cola del pájaro” (peng, lu, ji, an) de la forma Yang. An. Empujar. ¿Recordáis? Por la secuencia de movimientos anteriores hemos llegado a una posición con el torso vertical, orientados hacia la derecha del origen de la forma, con el peso fundamentalmente sobre la pierna izquierda flexionada y las dos manos recogidas y próximas a la cadera. Y vamos a empujar con ambas a nuestro oponente [ver imagen inferior].

Rafa, alumno de Ashot, realizando el movimiento AN.Rafa, alumno de Ashot, realizando el movimiento AN.Supongamos que como resultado del movimiento anterior, hemos entrado en armonía con el oponente y éste se encuentra ya a una distancia y en una posición “favorable” al empujón. Si además está en una situación de desequilibrio, mucho mejor. Os he hecho trampa, claro. Todo lo anterior es muy complejo y lleva técnica, pero me lo salto para entrar directamente en el movimiento de empujar.

Básicamente, la pierna de atrás que está cargada como un muelle por el movimiento anterior comienza a estirarse, empujando la estructura hacia adelante y trasladando el cuerpo en la misma dirección. A la vez, los brazos van a empujar hacia adelante, de tal manera que el movimiento acabe simultáneamente. Bien. Hasta aquí es donde solemos llegar en unos pocos meses de aprendizaje.

Pero faltan muchas cosas más, claro, para que el movimiento sea “verdadero tai chi” Todo lo que hace que los clásicos escriban que “para aprender Tai Chi hacen falta tres vidas de dedicación”.

Hace falta trabajar profundamente el enraizamiento con la tierra. En la mitología clásica, Anteo era un gigante invencible porque recibía su energía de GEA, la tierra. Hércules le derribó tres veces pero cada vez que Anteo tocaba el suelo con alguna parte de su cuerpo, renovaba su energía. Finalmente Hércules consiguió levantarlo e impidiéndole el contacto con la tierra, le venció. Nuestro maestro frecuentemente usa la frase “cortar de la tierra” para el movimiento en que primero nos levanta un poco antes de empujar o estirar. La eficacia de esta pequeña sutileza es demoledora. Nosotros no somos Hércules ni Anteo, claro, pero difícilmente podemos actuar eficazmente si no estamos bien asentados y bien equilibrados sobre el suelo. En las primeras fases del aprendizaje, debiéramos entender que para la mayor parte de nosotros, “extraer el CHI de la Tierra” significa no perder la eficacia del movimiento por un mal enraizamiento. Significa que la tierra es nuestro apoyo para las acciones que estamos realizando. Por el principio científico de acción y reacción, cuando nosotros empujamos hacia delante, recibimos una reacción igual dirigida hacia atrás. Esta reacción es la que debemos conducir a la tierra para que esta lo absorba y nuestro empuje hacia adelante tenga eficacia.

Si no me estoy explicando bien, pensémoslo al revés. Cuando nos están empujando a nosotros y queremos resistir, tenemos que encontrar la manera de trasladar esta fuerza a la tierra de manera que el empujón no nos arrastre ni nos desequilibre. Disipamos el CHI del contrario en la tierra. Dicho de otra manera, la tierra nos empuja. Nos transmite CHI.

La consistencia de la estructura corporal es muy importante. Las piernas son mucho más fuertes que los brazos y la mayor parte del empuje que llega hasta las manos se transmite desde las piernas por la cadera y la cintura, la columna vertebral y los hombros. Si la estructura está fuera de equilibrio y se tambalea o es débil, o retorcida y no está alineada, el empuje de las piernas no podrá trasmitirse hasta las manos e incluso el de los brazos, si hay resistencia del oponente, se dirigirá hacia atrás, forzando la estructura, en lugar de hacia adelante. La estructura la forman el esqueleto, los músculos y los tendones. Son los elementos estructurales. Hay practicantes de Tai Chi que desprecian la parte física de la estructura. Es un error demasiado frecuente que tenemos que evitar. El monje que sube todos los días del monasterio del valle a su ermita de la montaña con dos cántaros de agua y luego trabaja en el huerto no necesita ocuparse mucho de su parte física, pero en general nosotros sí que debemos hacerlo. Hay que trabajar sobre la estructura para que el árbol sea fuerte y pueda transmitir a las ramas la fuerza de las raíces.

La alineación significa que toda la estructura se dirige y enfoca en la dirección hacia la que estamos llevando la acción. Hacia donde se dirige el CHI. Es un asunto complejo, porque si una pequeña parte de la estructura no está alineada, la cadena se rompe por el eslabón más débil. Probad, por ejemplo, en la posición final AN que estamos estudiando a desplazar las manos que empujan ligeramente hacia un lado en lugar de directamente al frente, manteniendo el resto de la postura y empujando algo lateralmente. Vais a percibir que desaparece la buena sensación energética que teníais y no podéis empujar con eficacia. La estructura ya no está alineada con el objetivo. En otras palabras, el flujo de CHI es incorrecto.

Por otra parte, en cualquier postura, la alineación requiere del equilibrio en su concepto más básico. Si no estamos en equilibrio físico y nos estamos cayendo bajo la influencia de la gravedad o la inercia, es imposible ejercer un empuje eficaz. El equilibrio viene de la estructura y la relajación. En equilibrio relajado nuestro peso está alineado con la fuerza de la gravedad. En esta postura, no solamente no tenemos que dedicar energía a mantenernos erguidos, sino que la gravedad de la tierra asienta nuestra estructura a coste energético cero, haciéndola más estable. Pensad en una pila de bloques de hormigón perfectamente colocados uno encima de otro. Aguanta impasible tremendos embates. Es la forma más básica de alineación con el cielo y la tierra de los clásicos. La meditación en “postura de árbol” es excelente, entre otras cosas, para trabajar e interiorizar este concepto.

Además de la alineación estructural correcta, hay que conseguir el enfoque coordinado de todos los elementos (músculos, articulaciones y tendones) que intervienen activamente en el movimiento con el mismo objetivo, en la misma dirección y en el momento preciso. Si las piernas empujan cuando los brazos no lo hacen sincronizadamente , el empuje se pierde. Si la cintura y la cadera no intervienen, el empuje de las piernas no podrá trasladarse a los brazos. En una primera aproximación, para la transferencia eficaz de la fuerza todos los elementos de la estructura que intervienen en el empuje activo tienen que estar entrenadas para actuar como las partículas del muelle del ejemplo del principio. A la vez y coordinadamente.

Y el resto de los elementos de la estructura, los que no participan, tienen que estar en relajación para no perjudicar el trabajo de los activos. No es nada fácil y no estamos acostumbrados a ello. Poneos simplemente a abrir un bote de esos de cristal con tapa metálica. Si se resiste, casi todos terminamos apretando los dientes, crispando la cara y haciendo contraerse a un montón de elementos que no tendrían que intervenir para nada. Pura pérdida de energía. Si no es todavía peor y estamos haciendo a algunos músculos trabajar en contra de otros músculos. Esto nos ocurre continuamente en la vida cotidiana y en la práctica del Tai Chi. Parte de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu tiende a actuar en contra del objetivo principal. El CHI se bloquea.

En física se utiliza el concepto de campo de fuerzas que hace referencia a un conjunto de gran cantidad de pequeñas fuerzas que actúan ordenadamente. Por ejemplo, la gravedad es un campo de fuerzas gravitatorio. Todas las partículas de la masa de la tierra atraen a todas nuestras partículas del cuerpo. La resultante de todas estas fuerzas de atracción infinitamente pequeñas es nuestro peso. Todas las partículas de un trozo de hierro tienen una carga magnética, pero estas cargas están desordenadas en todas las direcciones y su resultante es nula. Pero un imán tiene sus cargas ordenadas en un campo magnético y es capaz de ejercer una fuerza magnética de atracción por un polo y repulsión por el otro. La magnetita es un mineral que tiene naturalmente esta propiedad. Y un electroimán es un trozo de hierro que bajo la influencia de un campo eléctrico se convierte temporalmente en un imán y es capaz de ejercer fuerza magnética. Incluso a distancia y sin contacto. La idea es que en el momento preciso, nuestras fuerzas y acciones elementales se ordenan o coordinan, como las del electroimán, en una única fuerza de impulso o tracción sobre el oponente.

Si volvemos al movimiento AN que hemos escogido como ejemplo, la mente, el cuerpo y el espíritu deben estar relajados de forma que la energía de la tierra, la gravedad, consolide y refuerce naturalmente la estructura durante todas las fases del movimiento, en equilibrio y con un centro de gravedad (dantien) bajo. Los elementos de la estructura (músculos, tendones y articulaciones) que intervienen activamente actúan en la dirección correcta y con la sincronización debida durante el tiempo necesario para el empuje.

Y el tempo, y ahora lo escribo “a la italiana” para introducir su equivalencia con el concepto musical, se refiere a nuestro yo y al de nuestro oponente. Cada uno de nosotros tenemos un tempo fijado por nuestra masa corporal, nuestro nivel energético, nuestra elasticidad, nuestro estado mental y emocional y nuestro ritmo de respiración, entre otras cosas. Es nuestro tempo en la forma cuando practicamos solos. El tempo se modifica cuando practicamos en grupo para entrar en armonía con nuestros compañeros. Y en la lucha, para entrar en armonía con el oponente y utilizar así en nuestro favor su propio movimiento. Por eso el Tai Chi parece una danza.

Si las artes marciales tuvieran secretos, la maestría en todo lo anterior constituiría el primer secreto. Puede que necesitemos dedicar a su dominio la primera vida de las tres que según los clásicos se necesitan para aprender Tai Chi.

Pero hasta ahora os he aburrido hablando solamente de la aplicación de la fuerza al Tai Chi. Es el primer paso. En el esquema que me había marcado, me quedan, si me soportáis con paciencia, la cantidad de movimiento y la energía.

Pero esto será ya en el próximo artículo.
Que el CHI os acompañe.

José Luis