A vueltas con la energía [La pluma y la espada III]

24/11/2015 JL Axpe Wushu, Taichi Tuitéalo ;) JL Axpe practicando en Dehesa de la Villa, Madrid. JL Axpe practicando en Dehesa de la Villa, Madrid. No somos una piedra. Esta afirmación parece una evidencia indiscutible que nadie va a negar. Pero reflexionando un momento sobre qué es lo que nos diferencia aparentemente de la piedra podemos sacar conclusiones: nos movemos por nosotros mismos, pensamos, respiramos, amamos, odiamos, trabajamos, hablamos, hacemos deporte, vamos al cine y cogemos el metro o el coche casi todos los días. Vivimos, en una palabra.

Todas estas acciones y el mero hecho de vivir tienen un factor común: necesitan ENERGIA. Todos nosotros y todos y cada uno de nuestros instantes y nuestras acciones requieren de la interacción energética con el resto de las energías del universo y de todos sus componentes. La ENERGIA es la diferencia entre la nada y la existencia.

Por ello, la ENERGIA y su utilización más eficaz está siempre en el centro de nuestras preocupaciones. Aunque no nos demos cuenta.

Personalmente, llevo toda la vida dando vueltas alrededor de la ENERGIA. Estudiándola e intentando comprender su esencia, su naturaleza, sus manifestaciones y su aplicación.

Estudié Ingeniería y me especialicé en ENERGÍA. Me gano la vida trabajando en el diseño y la construcción de centrales de producción de energía de todo tipo: hidráulica, nuclear, solar, de carbón, de biomasa, solares,…

Mis deportes favoritos también han girado siempre sobre la ENERGÍA y sus diferentes manifestaciones y transformaciones: cómo “engañar” a  la gravedad para escalar una montaña, cómo convertir la pérdida de altura en velocidad al esquiar,  cómo aprovechar el empuje del viento para navegar en un barco de vela. Y cómo canalizarla con la mayor eficacia para la defensa y el combate en las artes marciales. En estas actividades, como en todas en la vida, buscando el desarrollo integral del cuerpo, la mente y el espíritu.

Con todo ello he llegado al convencimiento de que TODO ES  LO MISMO. Pero éste es otro tema que, si tenéis paciencia,  estoy pensando desarrollar en otro artículo.

Las primeras grandes preguntas que surgen sobre la ENERGÍA son sobre su esencia y origen. Curiosamente, aquí tanto las grandes religiones y filosofías como la ciencia, están casi de acuerdo. No lo saben. Simplemente dan una explicación más o menos artificiosa y pasan rápidamente a la siguiente página. Veamos.

Las filosofías orientales relacionadas con las artes marciales la denominan CHI en chino y KI en japonés. Con toda probabilidad es lo mismo, aunque la tradición marcial china es mayoritariamente Taoísta y la japonesa Budista Zen. Siguiendo la concepción taoísta, el CHI es la esencia vital del universo. Existe el CHI universal, el CHI particular de cada uno y el CHI de todas las cosas. Y todo ello está interrelacionado. Cada uno recibimos nuestro CHI particular de nuestros padres y lo aumentamos  tomándolo de los alimentos, del aire que respiramos, de las energías cósmicas, de la transferencia con otras personas y seres vivos, de nuestra armonía con el universo. Y lo perdemos de la manera contraria.

La ciencia la llama simplemente ENERGÍA. También considera como principio básico una ENERGIA total en el universo, que se manifiesta de diferentes maneras a las que va poniendo diferentes nombres. Los seres humanos creemos que cuando ponemos nombre a algo, de alguna manera entendemos y controlamos su esencia. No es cierto, pero hay incluso culturas en las que el nombre verdadero solo se da a conocer a las personas más queridas y allegadas, para evitar que alguien ajeno se apropie así de nuestra esencia, del alma. Pero esto es otro tema.

La ciencia clásica establece con el Primer Principio de la Termodinámica que la ENERGIA ni se crea ni se destruye. Sólo se transforma. La energía del sol evapora el agua del mar, que forma nubes, que vierten agua en las montañas, que los hombres recogemos en una presa y que dejamos bajar por una tubería para mover una turbina que produce electricidad para nuestra iluminación, nuestra lavadora y nuestro ordenador.

Así, el concepto de ENERGIA/CHI  universal y sus mutaciones están presentes tanto en la ciencia como en las raíces de la filosofía taoísta.

El origen de la ENERGIA también se explica de una manera similar en ambas concepciones. Y digo “explica” porque no se me ocurre ahora mismo otra palabra. Ninguna de las dos interpretaciones realmente explica nada.

Para el taoísmo, el universo en su momento  inicial estaba en un estado que denomina WU CHI. La nada absoluta. El vacío. El tiempo tampoco tenía sentido en este estado primordial en el que no hay ninguna referencia ni proceso con los que compararlo. Un impulso inicial acabó con esta nada en reposo y comenzó la interacción entre los dos principios opuestos del Ying y del Yang que es el origen de todos los fenómenos del universo visible o invisible. Los taoístas llaman a esta interacción de principios opuestos TAI CHI o Supremo Absoluto.

Ojo, no nos hagamos líos con las traducciones de las palabras chinas a los conceptos occidentales. La diferencia entre los idiomas es una de las causas de que las enseñanzas a veces parezcan tan oscuras y esotéricas. En este caso la sílaba CHI se pronuncia en español de la misma forma que la palabra que designa la fuerza vital, pero su significado en chino es totalmente diferente. Aquí significa “lo más alto” o “absoluto”, con lo que Wu Chi significa la “nada absoluta” y Tai Chi el “supremo absoluto”. 

Y nuestro Tai Chi Chuan toma tanto el nombre de este principio taoísta como su famoso símbolo circular del Yin y el Yang entrelazados. Chuan se traduce por Puño, Boxeo o Arte Marcial. Así pues, practicamos la Lucha del Supremo Absoluto. El arte marcial del Yin y del Yang.

Cuando la ciencia a su vez especula sobre el origen del universo llega a la teoría de la Gran Explosión, el Big Bang, como una de las más aceptadas. Según esta interpretación, el universo en su momento inicial estaba concentrado en un pequeño punto que contenía toda su materia. Como consecuencia de su altísima presión y temperatura, se produjo una enorme explosión (big bang) que originó el universo en expansión que ahora conocemos y del que formamos parte.

Si queremos proyectar esta teoría hacia el futuro, lo más lógicamente imaginable  es que dentro de varios cientos de millones de años, esta ENERGIA expansiva se agote y como fruto a su vez de las fuerzas gravitatorias el universo inicie una etapa de contracción de vuelta hacia su estado primigenio.  Podríamos concluir que el universo se está expandiendo en su fase YANG y volverá a contraerse en su fase YIN.

Como puede verse, ambas corrientes de filosofía o ciencia son muy semejantes, pero ninguna de ellas explica realmente qué es lo que había antes del instante o impulso inicial o de donde salió este impulso. De la nada no puede salir nada y si se suponemos la existencia de  materia en el momento inicial  quiere decir que no estamos hablando del verdadero momento inicial, porque entonces hubo otros momentos anteriores. La pescadilla que se muerde la cola.

Las religiones más frecuentes en nuestro entorno lo intentar explicar: “en el principio era Dios”. El Ser Supremo y Absoluto, que es Eterno y Todo Poderoso. En un momento cualquiera de la eternidad a su divino capricho, emprende la Creación en siete días. Y lo primero que decide es “Hágase la LUZ”. Y aquí es donde me gusta pensar que también los clásicos judeocristianos nos han transmitido algún pequeño error de traducción, tomando el término restringido de Luz por su concepto general y que lo que realmente dijo Dios el primer día fue “hágase la ENERGÍA”.   

Y luego ya procedió a crear las estrellas, los planetas, la tierra, las plantas y animales, y finalmente el hombre y la mujer. Ordenadamente y con criterio. No como los taoístas o los científicos que lo dejaron todo al azar de un péndulo que va y viene o al caos una explosión incontrolada.

En resumen, y con estas pocas líneas, ya estamos todos en posesión del mejor conocimiento disponible del origen del Universo y de la ENERGIA o el CHI.

Habría para deprimirse ante tamaña ignorancia, si no fuera porque afortunadamente somos humildes practicantes de las Artes Marciales y no es nuestra competencia ni nuestra ambición ser capaces de responder a cuestiones  tan trascendentales como las anteriores que han tenido preocupadas durante milenios a cabezas mucho más dotadas que las nuestras. Centrarnos en el “aquí y ahora” es tanto un concepto clásico (Hic et nunc, decían ya los romanos) como filosófico y marcial, de importante aplicación en nuestra vida real.

 Además, la ENERGIA en todas sus manifestaciones es limitada y la que se pierde no se puede recuperar eficazmente. Así que para no desperdiciar ni la mía ni la vuestra, voy a intentar ir centrándome en la ENERGIA desde el punto de vista marcial en general y del Tai Chi  en particular.

El CHI es un concepto global que se refiere a la energía o la fuerza vital. Cada uno tenemos nuestra cuota de CHI “de serie” y lo aumentamos, disminuimos e intercambiamos continuamente. La rueda de la vida. Cuanto más CHI tenemos, mejor porque somos más energéticos. Siempre que sea equilibrado, claro. Un CHI desequilibrado o no armonioso es la causa de las enfermedades según la medicina tradicional china. Un CHI poderoso, equilibrado y en armonía no sólo mejora nuestra salud, sino que es capaz de “arrastrar” nuestro entorno hacia una situación más armoniosa con el universo. Para bien o para mal influimos en quienes nos rodean y lo que nos rodea, como un imán en la orientación de las virutas de hierro o en la aguja de la brújula. 

Cuando lo aplicamos correctamente en la práctica de las artes marciales, se supone que multiplica nuestra capacidad y nuestros recursos puramente físicos, a la vez que mejora nuestro estado de cuerpo, mente y espíritu.  ¿No le estamos pidiendo demasiado? Para no  morder demasiado de golpe, vayamos por partes.  Voy a intentar analizarlo desde mi modesto  punto de vista de ingeniero occidental adepto a las artes marciales orientales:

En la defensa o el ataque, nuestro yo interactúa con el del oponente o el compañero de entrenamiento mediante cuatro conceptos parciales que frecuentemente quedan globalmente ocultos en el concepto CHI, que a veces se explica como una “caja negra”:

Fuerza
Cantidad de movimiento
Energía cinética o potencial
Otras energías más o menos evidentes o esotéricas.

Un ejemplo para que se entienda qué es cada cosa y como se van transformando de la una a la otra sería el siguiente: comprimo un muelle potente y le coloco una piedra encima. Lo suelto. La piedra sube unos cuantos metros y vuelve a caer.

He comprimido el muelle haciendo fuerza. Yo la he sacado de mi propio contenido interno de ENERGÍA, pero si soy hábil habré aprovechado mi peso y la fuerza de la gravedad para que el esfuerzo me salga energéticamente gratis. El muelle se queda con una energía potencial elástica hasta el momento que lo suelto. En ese instante, como en un big bang en miniatura, se producen varios efectos:

Mientras están en contacto, el muelle hace fuerza sobre la piedra empujándola hacia arriba. Si el muelle es suficientemente fuerte, la piedra, que por supuesto tiene una masa propia y que estaba inicialmente quieta, por acción de la fuerza sube hacia arriba y gana velocidad. A la ganancia de velocidad es lo que llamamos aceleración. Y, para la ciencia y la ingeniería, la fuerza es el producto de la masa por la aceleración. F=m*a. O al revés, la piedra resulta empujada con una aceleración que es igual a la fuerza efectuada dividido entre la masa de la piedra.

Al producto de la masa por la velocidad se le llama cantidad de movimiento en lenguaje científico. Q=m*v. Un cuerpo tiene tanta más cantidad de movimiento cuanta más masa tenga y a más más velocidad se mueva.

La piedra también ha ganado otra cosa que se llama energía cinética. Es el producto de su masa por su velocidad al cuadrado. E=m*v2.


La piedra sube libremente hacia arriba, luchando contra la gravedad. En el punto más alto ha gastado toda su cantidad de movimiento y energía cinética y se para un instante. De hecho no los ha gastado, sino que los ha convertido en energía potencial al ganar altura. Gracias a la gravedad, se dispara de nuevo hacia abajo, recuperando velocidad (cantidad de movimiento y energía cinética) a costa de la energía potencial de la altura que pierde.

Si cae de nuevo exactamente sobre la vertical del muelle, el proceso podría repetirse indefinidamente en teoría y asistiríamos así a un bonito espectáculo de la transformación y mutaciones de la ENERGIA. En realidad no es así durante mucho tiempo. Parte de la energía se pierde en rozamiento con el aire, otra en calentamiento del muelle cuando se estira y encoje (lo podéis comprobar) y otra en otras pérdidas residuales. El proceso termina parándose después de unos cuantos rebotes. Es lo que la ciencia llama el Segundo Principio de la Termodinámica que viene a establecer que en cualquier proceso de transformación de la energía una parte de la misma se degrada a un nivel de calidad en que no puede ser recuperada. Como consecuencia, por desgracia no existe la máquina del movimiento continuo. Y como consecuencia peor, el mundo camina hacia un fin en el que inevitablemente toda su ENERGIA se ha degradado. La buena noticia es que ese evento nos queda tan lejos en el futuro como quedó el Big Bang en el pasado. No va a ocurrir mañana.

Volviendo a las artes marciales, en todas las técnicas aplicamos una combinación de fuerza, cantidad de movimiento y energía. El grado de participación de cada una de ellas depende del estilo marcial, de la técnica en particular y, en mi opinión, del grado de maestría del practicante.

Nuestros músculos y tendones están preparados para generar y transmitir fuerza. Es el recurso más básico del practicante marcial. Aparece fundamentalmente en las técnicas de empujar y estirar. Y en las proyecciones realizadas “a lo bruto” por personas potentes en las  primeras fases del aprendizaje. Un amigo judoca lo llamaba “el estilo grúa”: agarrar el árbol, arrancarlo, levantarlo y tirarlo al suelo.

Un paso adelante es la capacidad de utilizar la cantidad de movimiento.  La nuestra propia, cuando añadimos el movimiento controlado de nuestra masa corporal a las técnicas anteriores. O mejor aún, cuando entrando en armonía con el movimiento del oponente, controlamos su propia inercia y la utilizamos para, como dice mi maestro “llevarle a caer donde él quería caer desde el principio”. Son las técnicas de velocidad mediana, que se multiplica por la masa que se mueve, o las de desvío de ataques “hacia el vacío”.

La energía cinética aparece fundamentalmente en las técnicas de golpeo. A la hora de ejecutar un puñetazo o patada la masa relativamente pequeña de pie o mano se multiplica por su velocidad al cuadrado.  Son las técnicas de velocidad explosiva de utilización generalizada en artes marciales como el karate o el boxeo.

La utilización de la energía potencial directa es menos frecuente. Utilizamos nuestro peso para “sentarnos” sobre la pierna extendida del oponente y derribarlo. O para golpearlo cayendo desde un salto.

Con todas las posibilidades anteriores no nos hemos acercado más que a los rudimentos de la defensa o el ataque. Empujamos, estiramos, pateamos,…peleamos. Acabamos de empezar el largo camino hacia el control de la ENERGIA que en últimas instancia tiene que diferenciar al experto practicante del Tai Chi Chuan.

Al hablar de este Camino (TAO en chino, DO en japonés) tendremos que referirnos a otras energías menos evidentes (arriba las he llamado esotéricas) que forman parte de la mística y la leyenda marcial, pero que no podemos descartar ni siquiera desde el punto de vista científico, y a otros conceptos como estructura, alineación, equilibrio y armonía, esenciales en la práctica del Tai Chi.

Pero esto será ya en el próximo artículo.

Que el Chi os acompañe
José Luis